miércoles, 22 de febrero de 2017

miércoles, 15 de febrero de 2017

BORN AGAIN

Madre mía, ya han pasado diez meses desde la última entrada pija. Os preguntaréis (o no) porqué hace tanto tiempo que no posteo nada nuevo. Muy fácil: porque soy un vago. Un puto vago. A ver, hay más factores que me han llevado a dejar Sois unos pijos con respiración asistida, pero el principal es ese. Hace ya unas cuantas semanas que le daba vueltas al tema y me planteé echar la persiana definitivamente, pero di marcha atrás. Todavía me veo con ganas de mostraros bares y restaurantes donde pasarlo bien pero… tiene que ser de otra forma. Ha de ser de otra forma. Soy consciente de que la mayoría de vosotr@s queréis ir al grano y que os diga si en tal sitio se come bien o no y si es caro o no. Punto. Y yo, venga a hablaros de Ramón Mendoza, de Perros Callejeros, de Nick Lowe o de vaya usted a saber quién o qué. Exacto: la capacidad de síntesis nunca fue mi fuerte. Hasta ahora. Pues voy a daros exactamente lo que queréis: entradas sobre comida. Ni más ni menos. La política seguirá siendo la misma de siempre, es decir, postear únicamente sobre los sitios que nos gustan, y a ser posible, que hayamos visitado por lo menos en un par de ocasiones, pero el texto se reducirá hasta la mínima expresión, potenciando el apartado gráfico, que al fin y al cabo es lo que más os mola (esto es asín). Y para llevar ello a buen puerto, nos mudamos. Creo -y esto es una opinión muy personal- que las plataformas digamos clásicas (blogspot, wordpress…) han quedado un poco obsoletas. Y si a eso le añadimos que hoy todo el mundo está en las redes sociales y que da cierta (mucha) pereza visitar páginas externas (vivimos tiempos de inmediatez extrema: la exigimos) la cosa estaba clara. Por lo menos para mí. A partir de hora, todas las nuevas entradas se publicarán en nuestra página de Facebook, dejando el blogspot para algún que otro post especial que tengo en mente y del que ya os hablaré más adelante. Sí, lo sé, la interfaz de Facebook es más bien pobre, pero con los hashtags que iré dejando en cada entrada (#barato, #eixample dret, #tapas…) os resultará muy sencillo encontrar posts antiguos. Y creo que eso es todo, amig@s. Intentaré que no pasen diez meses entre entrada y entrada, ¡lo juro! En unos días, comienza una nueva era pija. Como decían Journey: Any way you want it, that’s the way you need it, any way you want it. 



jueves, 21 de abril de 2016

ARUME


Los que vivimos en el centro sabemos que los bares de menú, los buenos bares de menú,  escasean por nuestra zona. La mayoría de los que valían la pena fueron cayendo uno detrás de otro: dueños que se jubilaban, alquileres de renta antigua que vencían, fallecimientos... Hace años ya comentamos por aquí el mazazo que supuso para los Pijos el cierre inesperado (precisamente por fallecimiento del dueño) de El Cau del Padró, favoritísimo personal del Raval con un menú de mediodía que quitaba el sentido. Sus fideos a la cazuela, sus lentejas, sus flamenquines (¡sí, flamenquines en Barcelona!), su pollo a la brasa, su... ¡Madre mía, qué pena me da recordarlo! Cada vez que pasábamos por delante del local (situado, por cierto, en los bajos del edificio donde nació Manolo Vázquez Montalbán) y veíamos su persiana bajada con el rótulo original todavía intacto sobre la puerta, rezábamos para que cayera en buenas manos y no acabara convertido en un vulgar locutorio o, todavía peor, en un negocio de kebabs. Pero afortunadamente, no fue así.


Reborn

Estamos en el año 2013. Fue durante una de nuestras innumerables visitas a nuestro casi cuartel general por entonces, el Cera 23, cuando Rubén y Carlos, sus propietarios, nos comentaron (ya sabedores de nuestra vieja historia de amor con El Cau del Padró) que estaban negociando con la dueña del local -gallega, como ellos- para montar algo allí. Nos pareció una magnífica idea, puesto que ese espacio -muy singular, como luego os explicaré- pedía a gritos un buen enfoque, y estábamos seguros de que nuestros amigos serían unos espléndidos gestores. Se pusieron manos a la obra y en la primavera de 2014 la persiana del nº 11 de la calle Botella volvió a subir. Había nacido el Arume. Fue emocionante observar desde la calle que aquel viejo bar donde acudíamos a comer todos los lunes se había convertido en un negocio boyante (llenan prácticamente ¡a diario, ojo! desde su apertura) y luminoso, de esos que invitan a entrar a curiosear. Pero fue todavía más emocionante comprobar que allí dentro se seguía comiendo MUY bien.

Extreme make-over (home edition)

Es curioso cómo la memoria va modelando los recuerdos a nuestra conveniencia. En el caso de El Cau del Padró, con el paso de los años y a medida que lo íbamos mitificando, fuimos arrinconando en una esquinita lo vetusta que era su decoración, a base de cuadros de naturalezas muertas, cencerros de vaca y demás artilugios agropecuarios. Y por qué no decirlo, de sus muy incómodas sillas con el culo de mimbre, que en verano te troquelaban las piernas cosa mala. En resumidas cuentas, que los nuevos propietarios tenían mucho trabajo por delante. Conservaron la entrada original -a excepción del rótulo con el nuevo nombre, como es obvio- y el interior lo remodelaron, pero más a nivel de decoración que a nivel estructural (lo cual hubiera supuesto un fuerte desembolso, pues el local es laberíntico, con salones, pasillos y dobles niveles por doquier). Sus paredes -y esto nos parece un acierto- homenajean tanto al barrio que los ubica (¡esa ropa tendida!) como al buen comer en general. Y con mucha más luz que la que solía haber antiguamente. Como curiosidad, deciros que durante la remodelación se dieron de bruces con un pozo, el cual no solo no taparon, sino que lo iluminaron y cobijaron en su interior a Manolito, un simpático esqueleto llamado así en honor del ya citado anteriormente Vázquez Montalbán. Cuando paséis por encima, saludadlo, Manolito os lo agradecerá. Es muy buen nene.



I’m a rock’n’roll star

Al Arume hemos ido tres veces, pero solo cenamos en dos de ellas. Eeeh... ¿cómo? Me explico: la primera fue un poco chasco-carrasco, porque los platos que pedimos salieron todos sin sal, sin excepción. Pese a que pedimos un salero, aquello ya no tenía remedio, por lo que salimos de allí con la sensación de no haber cenado y, sobre todo, de no saber de qué iba la cocina de Arume. Tampoco le dimos mucha importancia, pues el negocio hacía poco que estaba en marcha y este tipo de fallos son normales durante la apertura. Es más, posteriormente nos enteramos que aquel día concreto Manuel (Núñez, el chef e ideólogo gastronómico de Arume, original de A Coruña) no estaba en el restaurante y su equipo, todavía en fase de rodaje, no atinó todo lo que debiera. Resumiendo, nada que no pudiera corregirse en futuras visitas. La segunda nos hizo sentir como rockstars por unos minutos, puesto que la camarera, una vez sentados en nuestra mesa, nos transmitió de parte del chef si nos apetecía cenar un menú-degustación personal (no lo ofrecen en su carta), para tener una visión más amplia de su propuesta. ¡Y dijimos que sí, claro! No sabemos si fue porque los Pijos marcamos tendencia (¡jajaja!) o porque Rubén y Carlos nos quieren mucho y quisieron compensarnos por esa primera visita fallida (lo más probable), la cuestión es que durante unos instantes nos hicieron sentir especiales. Y eso, querido público pijales, mola mucho.


Galicia calidade

Vamos al grano con el menú Carvalho (¡grandioso nombre!). Como veréis, se trata a grandes rasgos de una propuesta variada, moderna pero sencilla, más gallega por el producto (mariscos, pescados y carnes de primerísima división) que por la elaboración, con sabores contundentes, de los que te dejan huella, vamos.

 
El ceviche del tío Walter. Un ceviche de corvina, con su leche de tigre y equilibrado a nivel ácido. Muy por encima de la media de los ceviches que puedes encontrarte por ahí.

 
Carpaccio de presa de cerdo ibérico, vermut, piparras, frutos secos y aceite Isbilya. Gran corte y muchos contrastes interesantes. Se deshacía en la boca. Delicioso

 
Crocante de pulpo de Muros con espuma de patata, codium y ajada. Uno de los platos estrellas de Arume (de hecho, fue galardonado con el primer premio a la Tapa del año 2014), ha evolucionado desde la primera vez que lo probamos -¡sin sal!- y solo podemos deciros que es un señor platazo. Nos comentó Manuel que el pulpo de Muros es exquisito, pero que en algunas contadas ocasiones han de proveerse de pulpo marroquí, porque, al parecer, es un producto muy variable y el genero que les sirven habitualmente no siempre permite elaborarlo según sus receta. La espuma de patata está francamente deliciosa. Y el pulpo, tierno y crujiente a la vez. Un diez.

 
“La Galicia emigrante”. Taco de zorza, millo corvo, queso del país y pico de gallo. Quizás nuestro favorito. Servido sobre una tortilla de trigo azul (pero que luego es... ¡verde!), la zorza, combinada con el resto de ingredientes, dan como resultado un taco divertido, que pica lo justo y que, en resumidas cuentas, está que te cagas-on-the-bragas. Otro puto diez.

 
Calamar de playa mar y montaña, puré de apio-nabo y samfaina cítrica. Otro gran producto cocinado a la perfección, muy, muy tierno. Al no estar familiarizados con el apio-nabo, el sabor del puré, muy potente, nos descolocó. Es el típico ingrediente que conoces por Masterchef pero que no tienes ni puta idea de a qué sabe. Y está muuuy bueno. El pisto cítrico, por último, encaja. Un gran-pequeño plato.

 
Cordero deshuesado, polenta cremosa de almendras, lima y cebolla morada. Como podréis observar, la descripción no concuerda con la foto. El cordero que nos sirvieron era muchísimo más sencillo, sin rastro de la guarnición anunciada. Ello puede deberse o bien a que a esas alturas de la velada ya estábamos muy llenos (por lo generoso de sus raciones)  y aligeraron el plato -yo personalmente se lo advertí a la camarera- o bien a que se confundieron. Pero no nos importó. Es más, mucho mejor, puesto que la combinación cordero-polenta nos hubiera hecho reventar como el señor aquel que salía en El sentido de la vida. Y no era plan. En cualquier caso, la carne que degustamos era deliciosa. En defensa del plato original, deciros que en la mesa de al lado lo pidieron y quedaron muy satisfechos. Si alguno de vosotros tiene foto de este plato, ya tarda en colgarla en nuestra página de Facebook.

 
La torrija de Manuel con helado de vainilla. Este fue el plato más flojo de la velada. Más que una torrija, era una crema inglesa con cobertura de azúcar quemado. Estaba muy buena, pero me temo que la combinación con el helado de vainilla (también dulce) no era la más adecuada. Mi señora -estoy con ella- cree que hubiera pegado mejor un helado de té o de frutos rojos, algo que diera al plato un toque refrescante.



El concierto perfecto

Aquella noche experimenté en Arume una sensación que pocas, poquísimas veces, se ha dado en nuestras incursiones pijas: el quedarme con ganas de más. No me refiero a querer comer más, sino más bien a querer probar más cosas, a recibir más sorpresas. Lo que vendría a ser el concierto perfecto para un servidor: una banda en plena forma, un repertorio demoledor y una duración justa que te deje con ganas de más. Y si a todo esto le añadimos que nos invitaron a las bebidas, pues, joder, ¡de puta madre! La cuenta subió a 70 euros (35 cada menú Carvalho), precio más que razonable, descuentos a parte. En breve nos dejaremos caer de nuevo por ahí: nos esperan los bises.


Arume
Botella 11-13
Barcelona
Tel. 933.154.872
arumerestaurant.com

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL XIRINGO


Desde la Costa de Azahar hasta la Costa Brava, la dictadura de la paella de marisco es aplastante. Mientras que para nosotros, los catalanes, la paella es el plato estrella de la cocina marinera, nuestros amigos valencianos suelen verla como un simple arroz con gambas, disfrutable, sí, pero a años luz de esa paella de la huerta donde el producto del mar no es bienvenido. Pero en algo coincidimos tanto catalanes como valencianos a la hora de calzarnos un buen paellote: solemos comerla el domingo. Y si vives en Barcelona y hace buen día, la tentación se llama Barceloneta. El porqué está claro: es el barrio marinero de la ciudad condal. Históricamente lleno de chiringuitos y tabernas donde comer moluscos y paellas, con los años ha ido evolucionando hacia una suerte de barrio temático de lo paellero. Sin rasto ya de esos chuiringuitos -las olimpiadas se los llevaron a todos por delante-, no hay manzana donde no haya, al menos, un restaurante -con su correspondiente terraza- donde hagan paella. Y, claro está, las hay de todas formas, tamaños y colores -y esto último no es coña: los negocios más abyectos, aquellos dirigidos en exclusiva al turista con pocos (o nulos) escrúpulos gastronómicos, perpetran auténticos insultos no solo contra la paella sino contra el buen comer en general. Los Pijos hemos visto de todo, pero como ya es regla en esta casa desde su momento fundacional, solo hablaremos de los que nos gustan, de aquellos que os recomendaríamos con los ojos cerrados. Hace un tiempo ya os hablamos de uno de nuestros favoritos, y hoy toca hacer lo propio con otro negocio de bandera, El Xiringo.


Walk on by

Los restaurantes de la Barceloneta, hay que reconocerlo, se venden muy bien a sí mismos. Grandes carteles, producto fresco del mar en sus vitrinas, terrazas muy bien situadas... Te lo dejan a huevo para que un día pases por delante, piques y te dejes los dineros en un arrocito. El Pijo mayor, que es perro viejo, no se deja influir tan fácilmente por los efluvios marineros, y si ve que el sitio en cuestión -como dice su padre- se ve curioso, se lo apunta en su libreta roja e investiga un poco (y es que después de alguna que otra cagada, te das cuenta que el instinto... no es infalible). Pero hay otros sitios, como El Xiringo, al que si no es el destino o una recomendación lo que te lleva a pasar por delante (o vivir en el barrio, claro), no lo ves ni de coña (y que perdonen los vecinos de la calle Sant Carles). La estructura casi laberíntica de la Barceloneta es lo que tiene. En nuestro caso, fue un artículo en la revista Time Out lo que nos llevó hasta allí. Fue un número especial escrito por blogueros, y la sección habitual de Pau Arenós, Flamarades, fue a cargo de Edu González, la persona que está detrás de bravas.bcn, la guía definitiva sobre las patatas bravas barcelonesas. Pues bien, dejaba muy bien al Xiringo, una antiguo negocio de comidas preparadas mutado con los años en restaurante. Como me fiaba (y me fio) del criterio de Edu a la hora de catar patatas bravas... ¿acaso no iba a hacer lo mismo con un sitio donde hacen arroces?


El celler de Can Xiringo

Cuando entras en El Xiringo por primera vez, te llaman la atención dos cosas. La primera, que es un local compacto: cocina aparte, lo que ves es lo que hay. Diez mesas dispuestas en un espacio pequeño pero confortable. Y lo segundo, que entrando a mano derecha hay botellas de vino, cava y cerveza por doquier: en estanterías, en neveras, encima de la barra, debajo de la barra... una buena bodega, desde luego. En el lado izquierdo solo hay mesas y un gran reloj sin esfera, muy original, en la pared. Respecto a la carta, se divide en unos aperitivos (las bravas, ya catadas por Edu, por supuesto, las tenemos pendientes), siete tipos distintos de croquetas, las paellas, pescados y mariscos, y carnes, a lo que hay que sumar las sugerencias del día, producto fresquísimo que se ofrece según lo que hayan encontrado en el mercado. La primera vez que fuimos, descubrimos que uno de los puntos fuertes de su propuesta son precisamente sus croquetas, deliciosas hasta decir basta, con una mención aparte para las de chipirones, de lagrimón garantizado. También probamos los mejillones a la plancha, muy buenos, y las navajas, excelentes, estas fuera de carta. Después de una primera visita muy satisfactoria (luego vinieron dos más) decidimos que en cada ocasión que visitáramos El Xiringo cataríamos un arroz diferente, pero pasó algo que... ahora os cuento.


La mar salada

La primera paella que probamos en El Xiringo fue un arroz ahumado de pulpo y setas que estaba para morirse y que después del atracón croquetil nos costó acabarnos. Para nuestra segunda visita teníamos claro que la elección recaería en una canónica paella de marisco. Y así fue. Pero la experiencia no acabó de ser satisfactoria del todo, puesto que el arroz, pese a estar bueno, estaba muy salado, demasiado salado. Cuando lo acabamos, Xavier, el chef y propietario, salió a preguntarnos si habíamos comido bien y le dijimos la verdad. Se fue a buscar un tenedor y, con nuestro permiso, probó el arroz que nos habíamos dejado. Y nos dio la razón. Al instante, aparte de pedirnos mil disculpas, nos dijo que el causante del exceso salino era el agua de mar que utiliza para cocer los arroces. No pone sal al guiso porque ese agua ya lleva y compensa, pero esta vez su contenido debió ser (y fue) más elevado de lo normal. En fin, un accidente, pero la verdad es que esta segunda visita fue un poco chasco-carrasco. En algún otro restaurante, un suceso similar quizás nos hubiera tirado para atrás a la hora de repetir, pero aquí, después de lo comido en la anterior ocasión (y, porqué no decirlo, por las disculpas del propio Xavier), decidimos darle un voto de confianza. Y ni que decir tiene que en nuestra tercera visita, la cosa salió redonda y, ahora sí, comimos una paella de marisco que estaba de toma pan y moja. Pa’ chillarle, vamos.

El precio de un ágape en El Xiringo es muy atractivo, pero siempre dependerá de si tomas vino o no y de si pides marisco, factores ambos que hacen subir la minuta aquí y en la China popular, que diría Carod-Rovira. La última vez subió a 79,90 euros. A nosotros no nos pareció caro teniendo en cuenta lo comido, el local -muy tranquilo y luminoso- y a su servicio, muy cordial. Pese a que a todavía nos quedan muchas paellas por probar en la Barceloneta, volveremos seguro, y más ahora que ya sabemos donde está la calle Sant Carles.


El Xiringo
Sant Carles 23
Barcelona
Tel. 932.247.545
elxiringo.wordpress.com