
Hace unas semanas me dio por echar un vistazo a las primeras entradas
del blog. ¿Por qué? Pues porque me gusta ver las cosas que hago -y las
que no hago, también- con un poco de perspectiva. No se trataba de
corregirlas o añadirles nuevos textos y/o fotos. ¿Que hay cosas que
cambiaría? Puede ser, pero prefiero dejarlo todo tal como está. Cada
entrada que escribo pertenece al momento en el cual la concebí, por lo
que creo que cualquier tipo de edición del texto original -exceptuando
las estrictamente lingüísticas, claro- está de más.

Me las leí
todas y, para mi tranquilidad, la mayoría estaban perfectas... perfectas
¡bajo mi modesto criterio pijo, claro! Y si utilizo la expresión
la
mayoría es porque una de ellas no me acabó de convencer. No fue ni por
el contenido, ni por el tono del texto ni por las fotos (pese a que una
de ellas es un
cagarrín del quince), simplemente se había quedado
obsoleta, MUY obsoleta. Me refiero, queridos Pijos, a la entrada del
domingo 15 de enero del 2012, la dedicada a nuestros amigos del
Cera 23.
El Pijo siempre vuelve al lugar del ágape

Una
vez leído el texto, me di cuenta de que ese
Cera 23 del que tan bien
hablaban los Pijos tenía poco que ver con el de ahora. A ver, están en
el mismo lugar (no se han movido ni un centímetro),
Guillermo,
Carlos y
Rubén continuan al frente del negocio y, lo más importante, se sigue
comiendo divinamente en él. Pero ha cambiado mucho desde aquellas ya
lejanas visitas que hacíamos los pijos cada lunes al mediodía, por lo
que creí conveniente dejar la entrada del 2012 tal como estaba y
dedicarles una nueva. Y, ya puestos, darle un enfoque diferente. Pensé
que, dado que en lo básico (decoración, distribución, trato, precio...)
está todo prácticamente igual que entonces, no valía la pena repetir lo
mismo. Aprovechando una incursión nocturna al número 23 de la calle de
la Cera, le propuse a
Rubén que contestara a un pequeño cuestionario
pijo y este tuvo a bien dedicarme unos minutos...
Cera 23: la entrevista

...y
aquí la tenéis. Las fotos corresponden a lo que cenó el matrimonio pijo
aquella suave noche de finales de mayo. Aprovecho para comunicaros que
los Pijos nos vamos de vacaciones y que estaremos de vuelta con vosotros
a principios de septiembre. Hasta entonces, sed felices y comed
¡muuuy-muy bien!
Cumplisteis dos años hace unos días. La
última vez que fuimos al Cera (hará un mes más o menos) comentamos lo
que había cambiado desde vuestros comienzos. ¿Te queda como algo muy
lejano? Lo digo precisamente por ese cambio tan grande.
Quizás
sea un poco frívola la comparación, ya que todavía no soy padre, pero
cuando pienso en los dos últimos años desde que abrimos el Cera, no
puedo dejar de pensar en las analogías con tener un bebé. Lo duro de la
gestación, la alegría en el parto, las noches sin dormir y los apuros
económicos para mantenerlo. Han pasado 2 años y de alguna manera parece
que fue ayer, pero en realidad han sido los años más intensos de mi
vida.
Cuando los Pijos comenzamos con nuestro humilde blog (por
la misma época, más o menos) tuvimos muy claro que la primera entrada
tenía que ser para el Cera, puesto que desde el primer día nos sentimos
como en casa y, lo más importante, comimos muy bien. Volviendo a nuestra
última visita, nos fijamos en que seguís cuidando muchísimo a vuestra
clientela, no solo con vuestro buen hacer en la cocina, sino también
respecto al trato personal con el cliente.

Lo raro es que abunden
tanto los sitios donde no lo hacen. Ayuda mucho el disfrutar de lo que
haces, que es nuestro caso. Los tres somos personas muy sociales, nos
gusta la gente, así que no nos cuesta ningún esfuerzo. Nuestra intención
es brindar a todos nuestros clientes una experiencia agradable, desde
que escriben o llaman para reservar, hasta que se van del restaurante,
normalmente con una sonrisa (y un chupito).
Todos los comienzos
son duros. Recuerdo días en los que los Pijos éramos los únicos
comensales. En aquellos momentos, ¿teníais claro Guillermo, Carlos y tú
que la cosa saldría adelante o, por el contrario, pensasteis en algún
momento que no lograríais remontar?

Sabíamos que los comienzos
serían duros, pero una cosa es saberlo, y otra es vivirlo. Abrir el bar
18 horas al día, dar desayunos, comidas, cenas y copas y barrer y fregar
nosotros mismos fue un reto muy grande. Hubo dudas, fruto muchas veces
del cansancio o de la falta de dinero. Pero si buscas certezas, este no
es el tipo de negocio apropiado, abres la puerta y lo haces lo mejor que
puedes, pero nadie te asegura que la vayan a franquear más de un par de
Pijos de vez en cuando...
Corrígeme si me equivoco, pero
aquel increíble tercer puesto en la lista de restaurantes de TripAdvisor
marcó un punto de inflexión en vuestro devenir.

Pues no sé
decirte si fue el tercer puesto (¡llegamos incluso a estar primeros!)
pero sin duda que es un motivo de orgullo figurar consistentemente entre
los diez primeros restaurantes de Barcelona para una página tan popular
como TripAdvisor y que se guía, únicamente por las recomendaciones de
los clientes. Esta página, junto con Yelp, nos dio a conocer a un tipo
de clientela que normalmente no se acercaría a las profundidades
ravaleras, y creo que esto es algo muy bueno, en todos los sentidos.
Una
parte importante de esa clientela es foránea o, dicho de una forma un
poco más popular, guiri . ¿Eso es bueno o es malo? Lo digo porque aquí
tenemos la fea costumbre de cargarnos un restaurante (o cualquier
negocio) únicamente porque hay muchos turistas en sus mesas. Ya sabes,
eso de "no debe ser muy bueno, está lleno de guiris" o "aquí no, que hay
guiris".
Es que el término
guiri tiene muchas connotaciones
Definámoslo como "extranjero rubiales al que le mola Barcelona".

Hombre,
Pijo, si los miles de restaurantes de Barcelona tuviesen que repartirse
a los pocos privilegiados que pueden salir a cenar fuera un lunes o un
martes cualquiera, te aseguro que la oferta gastronómica se limitaría
bastante. Lo que pasa es que la palabra
guiri está muy demonizada, te
evoca a hordas de ingleses abrevando en chiringuitos, peleándose o
meando en la calle, pero honestamente creo que estos en Barcelona son
una excepción, y se suelen concentrar en las trampas para turistas de
las Ramblas o en el Port Olimpic. Los guiris que se toman la molestia de
venir hasta el Cera pese a que los recepcionistas de hoteles, guías y
taxistas se empeñen en hacerlos desistir, suelen ser gente muy maja, la
verdad, y muchas veces muy cultivada, que quieren disfrutar de una
experiencia distinta. El hecho de que los tres nos podamos comunicar
fluidamente en inglés ayuda sin duda al proceso de
desguirización, al
fin y al cabo son turistas, como los de aquí que se pueden permitir
viajar de vez en cuando, y la mayor parte de las veces, bastante más
educados.
Retomemos el hilo: el restaurante comienza a
llenarse y tomáis la determinación de abrir únicamente por la noche...
hasta hace bien poco, pues volvéis a dar de comer al mediodía. ¿Por qué?
Hacer
rentable el menú del día es de las tareas más complicadas para un
restaurante. Tienes que ofrecer tres platos y bebida con un precio muy
contenido, el margen es mínimo y el esfuerzo necesario es muy grande.
Además en la calle de la Cera no abundan las oficinas que digamos, la
clientela potencial era bastante limitada. Decidimos centrarnos en las
cenas para optimizar los recursos que teníamos, ya sabes, quien mucho
abarca... Volvimos a retomar el menú del día con una oferta distinta,
ofreciendo mucha más calidad subiendo un poco el precio. Y creemos que
con el tiempo funcionará, aunque ahora lo hemos vuelto a parar en los
meses de verano, porque competir con las terrazas era una batalla
perdida. En Septiembre volveremos a intentarlo, y esperamos conseguir
que, esta vez sí, nuestra fórmula funcione.
Hablemos del tema
culinario. Los que somos coleccionistas (en mi caso de discos) tendemos
siempre a categorizarlo absolutamente TODO, a poner etiquetas a diestro
y siniestro. En el caso del Cera, no sé en que cajón meteros, porque
sois gallegos y no sois gallegos, sois italianos y no sois italianos.
¿Os meto pues en el cajón de los restaurantes inclasificables?
Te
sería más fácil la vida si tu método de etiquetado fuese por orden
alfabético, porque cada vez es más difícil dividir en categorías
estancas, y no solo los restaurantes, igual pasa con la música, el cine,
la moda...¡cosas de la globalización, querido Watson! La verdad es que
no le damos mucha importancia a la etiqueta gastronómica que nos puedan
poner. Somos gallegos, nos gusta trabajar con productos de calidad de
nuestra tierra como la ternera, el pulpo o el lacón, pero es cierto que
no somos un restaurante gallego típico, y quizás ahí esté nuestra
diferenciación, en incorporar ingredientes y técnicas de cocinas de
distintas partes del mundo. Si el resultado te convence, métenos en el
cajón de los restaurantes preferidos, ahí estaremos muy a gustito.
Decía
al principio que el Cera ha cambiado un montón, y vuestros fogones no
son una excepción. Pero si te soy sincero, la distancia que separa las
¡míticas! albóndigas de Guillermo del volcán de arroz negro y marisco
con parmesano que me comí hace unos días (delicioso, por cierto) me
parece muy corta. ¿Podríamos hablar de una especia de transición
tranquila?
Sin entrar en cuestiones etimológicas, no creo que
tengamos que hablar de una transición, sino de la evolución normal de
un restaurante, de su crecimiento. El primer año siempre es una especie
de laboratorio de pruebas, investigas fórmulas de negocio, horarios,
personal... Nuestro primer año vino muy marcado por las urgencias, por
sobrevivir en un sector muy competitivo en un barrio con muchas
carencias pero con un potencial enorme que había que aprovechar. Las
albóndigas de Guillermo posiblemente ya están en el imaginario colectivo
de los que vivisteis nuestros inicios, y por supuesto que no se
descarta que en algún momento vuelvan a la carta, pero es que hay tantos
sabores, texturas y formas que probar...
¿Cómo te imaginas
el Cera a corto, medio y largo plazo? No es por haceros la pelota, pero
estoy seguro de que, visto lo visto (o mejor dicho, comido lo comido)
tenéis cuerda para rato. ¿Me equivoco?
¡Pues nadie tiene más
ganas que nosotros de que no te equivoques! Hace unos días que
celebramos nuestro segundo aniversario, hace poco empezamos a andar y
ahora nos están saliendo los dientecillos. Espero que nos queden muchos
años para seguir disfrutando haciendo disfrutar a todos lo que nos
honráis con vuestra presencia. ¡Tenemos más ganas que nunca!